CRONICA FINAL, bye mi paisano, el Bobby.
1000 Kilómetros para allá y otros tantos para casa, la nuestra, la de toda la vida, Cáceres. Da pena y alegría. Estas nueve rondas han supuesto carretera, mucha carretera y ajedrez, poco pero intenso. El tiempo aquél, de las vacas gordas, de los pisos grandes, de las miradas desde lo alto, aquél ya pasó. Ha llegado el tiempo de la humildad, del sufrimiento, de pasar de tener un guarro y estar todo el día diciendo ino, ino, ino a no poder ni pronunciar palabra y esperar a que no caiga la guillotina encima de nuestro equipo. Gracias a todos, pero en especial a unos pocos, vamos hacia delante.
El tiempo aquel en que llovía y no nos caía agua ya pasó; ahora toca aguantar el chaparrón y sólo tenemos un paraguas para unos pocos, aún así en ese paraguas caben muchas ilusiones, muchos deseos para otras temporadas.
Recuerdo que en mis tiempos de estudiante me pusieron un cero en matemáticas por dar un cambiazo; aquí no se pueden utilizar chuletas, de lo contrario veríais al pardillo manejarse.
El Ateneo este año ha sido como el Atlético de Madrid, un sufrimiento total y absoluto, un querer y desear grandes cosas y quedarnos en casi irnos al infierno un añito o los que hubiera menester. Don Quijote estaría orgulloso del grupo que hemos formado y seguro que seríamos sus fieles escuderos, Y seguro que él iría en su rocín a vernos allende la población del Guadiana.
Solos y con la cabeza bien alta caminamos como enhiestos surtidores. Beatos fervorosos del borracho Baco, en el tablero ni gota, en la vida tampoco,,, y cual perrillo en busca del amo disfrutamos nosotros con nosotros mismos y nuestra identidad. Y los perros ladran y mean en las paredes.